domingo, 18 de marzo de 2007

¿QUÉ LEEN LOS ADOLESCENTES?

FUNDACIÓN GERMÁN SÁNCHEZ RUIPÉREZ
La cultura adolescenteJean François Hersent, planteó que, en su opinión, para abordar el análisis de las prácticas culturales adolescentes son cuestiones prioritarias la definición de adolescencia así como examinar si verdaderamente existe una cultura adolescente, teniendo en cuenta el fenómeno de la prolongación del período de la adolescencia en las sociedades occidentales fuertemente industrializadas.Señaló que ese fenómeno ha sido descrito por sociólogos como el francés Olivier Galland para quienes la adolescencia ha pasado de ser un “modelo de identificación en el que los jóvenes reproducen la trayectoria de sus padres” a un “modelo de experimentación” en el cual esa etapa es algo así como un “tiempo suspendido” en el que la “verdadera vida” está puesta “entre paréntesis”. Hersent aseguró que esa situación permite comprender “un cierto número de comportamientos específicos de los adolescentes, más allá de sus diferencias según la extracción social y el sexo, en su relación con la cultura. Es precisamente este modelo de la experimentación –por cuanto permite prolongar el modelo de la transmisión– el que puede servir de hilo conductor para delimitar mejor el universo cultural de los adolescentes y su relación con la cultura de manera general.” Según Hersent “este modelo de la experimentación parece efectivamente el más apropiado para darse cuenta de la demanda de reconocimiento, que se experimenta en la adolescencia por la satisfacción que los jóvenes obtienen de la conformidad a las normas del grupo de pares (iguales) y explica en gran parte la potencia (fuerza) de los sentimientos comunitarios, la necesidad de pertenecer a un grupo, a una banda”. Por otra parte advirtió que las investigaciones revelan que “la pertenencia a uno u otro sexo aparece como un factor que discrimina entre lectura y uso del ordenador. Estas prácticas constituyen marcadores importantes de la construcción de la identidad sexual: mientras que en los últimos treinta años la televisión había jugado un papel unificador entre los sexos, hoy en día el uso de pantallas digitales acentúa importantes diferencias entre chicos y chicas”. Añadió que, de igual manera, “no deja de ser paradójico el hecho de que mientras el final del siglo XX preconizaba una disminución en la desigualdad entre sexos, las tecnologías informatizadas aparezcan hoy como mayoritariamente masculinas y sean el motivo de nuevas divergencias entre sexos”. Advirtió que la relativa indiferencia de los adolescentes hacia los valores del humanismo clásico no significa que a los ojos de la mayoría de ellos esté desprovista de valor, porque “la lectura entre los adolescentes se ha convertido en una práctica como otra cualquiera –de divertimento o de aprendizaje de conocimientos– sometida a la intermitencia de los deseos y las necesidades, a los riesgos de las biografías individuales y a las coacciones de las redes de la sociabilidad” .

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